Los paneles de terapia de luz roja se usaban anteriormente solo en centros médicos, pero actualmente se utilizan en hogares y clínicas. Desafortunadamente, estos productos se han asociado con una leyenda urbana sobre su efectividad y potencia. Un análisis externo reveló que el 72 % de los usuarios compraban paneles de terapia de luz roja más potentes de lo necesario, lo que en ocasiones provocaba sequedad y enrojecimiento de la piel, o molestias. En realidad, es un mito que más potencia significa mayor efectividad.
Por qué son tan comunes los conceptos erróneos sobre el poder
Sin embargo, la comercialización de paneles de terapia de luz roja suele basarse en cifras y potencia en milivatios. Un mayor número de cifras implica mayor potencia y eficacia, por lo que puede resultar muy atractivo al comparar productos en internet. Sin una orientación clara, los consumidores tienden a comprar el producto de mayor potencia. Sin embargo, la terapia de luz roja tiene un concepto diferente al de los dispositivos convencionales de iluminación o calor. Esto se debe a que la terapia de luz roja utiliza la fotobiomodulación. Este es un fenómeno en el que las células reaccionan a la intensidad de la luz. Esto tiene un rango dentro del cual se pueden obtener beneficios. Sin embargo, más allá de ese rango puede producir resultados negativos. Idea errónea 1: Cuanto más alto, mejor Por encima de 300 MW o 300 mW/cm²
“Este es uno de los mitos más extendidos sobre los paneles de luz roja ”, afirma un usuario del Foro de Terapia Láser de Baja Intensidad. “Parece que la gente cree que los paneles de luz roja con una intensidad superior a 300 mW/cm² ofrecen resultados más rápidos en cuanto a curación, mejora de la piel o alivio del dolor”. Realidad: En un entorno residencial, bastará con 100 o 200 mW/cm². Esto ayuda a estimular la actividad celular sin sobrecargar los tejidos, promoviendo así la producción de colágeno, la circulación, la regeneración muscular y la reducción de la inflamación.
Los que superan los 300 mW/cm² están diseñados para un entorno clínico. El uso doméstico sin supervisión profesional puede provocar sequedad cutánea, irritación o shock celular. Una mayor potencia no implica mayor eficacia; más bien, solo se consigue un mayor riesgo. La práctica regular con la dosis óptima es mucho más eficaz que la práctica irregular de alta intensidad.
Mito 2: Las sesiones más largas siempre son mejores
Otro mito es: si 10-15 minutos de sesión dan buenos resultados, entonces 30 minutos, 45 minutos o 60 minutos de intervención darán resultados aún mejores.
Verdad: No se puede lograr ningún beneficio si la duración supera los 30 minutos, ya que esto podría estresar las células en lugar de revitalizarlas. La terapia de luz roja tiene un mecanismo de dosis-respuesta, con un punto máximo que disminuye más allá del nivel óptimo para la respuesta celular. La mayoría de las aplicaciones promueven de 10 a 20 minutos por área, y se prioriza la regularidad sobre la duración. La constancia y la seguridad producen mejores resultados a largo plazo que las exposiciones intermitentes y prolongadas. Es importante tener esto en cuenta al considerar una dosis segura de terapia de luz roja.
Mito 3: Todas las frecuencias tienen efectos reductores del dolor
A menudo se anuncian varios paneles con múltiples longitudes de onda, lo que podría hacer suponer que todos son tan eficaces para el alivio como los demás.
Realidad: La única longitud de onda con la profundidad suficiente para alcanzar las zonas musculares y articulares y aliviar el dolor es el infrarrojo cercano a 850 nm. La longitud de onda del rojo visible, de 630 a 660 nm, puede ser beneficiosa para el tratamiento de la piel, la circulación y el cuidado de la piel, pero no es lo suficientemente potente como para impactar otras zonas. Es necesario aplicar la longitud de onda correcta para lograr resultados óptimos. Cuando se necesita aliviar el dolor, la rigidez o la recuperación post-entrenamiento, se debe aplicar luz infrarroja cercana con una longitud de onda de 850 nm. Usar una longitud de onda incorrecta puede ser frustrante, no porque la luz roja no funcione, sino simplemente por la razón equivocada.
Estrés celular y sobreexpresión
Un entorno de alta intensidad y una exposición prolongada pueden ser estresantes para las células. Estas reaccionan positivamente a un cierto rango del espectro del estímulo, más allá del cual la luz inducirá una reacción defensiva, disminuyendo así el valor terapéutico. Es similar al ejercicio: practicarlo con moderación aumenta la fuerza, pero hacerlo en exceso provoca cansancio y lesiones. El principio básico de la terapia de luz roja, en este caso, es que no debe buscar aumentar, sino restaurar.
Consejos del médico: parámetros que corresponden a la localización y los síntomas
Los médicos recomiendan parámetros de tratamiento por encima de la potencia máxima. Todo depende de la adecuación de la ubicación, los síntomas y la longitud de onda a:
● Problemas superficiales: la longitud de onda roja a baja potencia es buena para solucionar problemas de líneas finas, enrojecimiento y enrojecimiento/inflamaciones leves de la piel.
● Problemas más profundos: Los dolores musculares, articulares o artritis se tratan utilizando luz infrarroja cercana con una longitud de onda de 850 nm junto con una potencia controlada.
La duración del tratamiento para las reacciones cutáneas dependerá de la zona corporal a tratar. Por ejemplo, las zonas más pequeñas requerirán una sesión más corta, mientras que las más grandes requerirán un tratamiento ligeramente más largo; aun así, no debe exceder los 20 minutos.
Diagrama de flujo de selección de parámetros prácticos
Para que los usuarios utilicen la terapia de luz roja de manera efectiva, solo necesitan seguir esta sencilla guía: 1. Identificar el objetivo del tratamiento
● Rejuvenecimiento de la piel
● Recuperación muscular
● Alivio del dolor
● Reducción de información
● Relajación
2. Selección de una longitud de onda adecuada
● Luz roja visible (630-660 nm): generalmente implica problemas relacionados con la piel.
● Luz infrarroja cercana (850 nm): se dirige a tejidos más profundos, músculos, articulaciones, rigidez, recuperación después del ejercicio, etc.
3. Seleccione la salida de potencia segura
● Uso en casa: 100-200 mW/cm²
● Los paneles de más de 300 mW/cm² requieren supervisión por parte de un experto.
4. Definir la duración de la sesión
● 10 a 20 minutos por área de tratamiento
● No exceda los 30 minutos por área
5. Garantizar la coherencia
● Uso regular (por ejemplo, unas cuantas veces a la semana), en lugar de un uso máximo intermitente
A través del diagrama de flujo, los usuarios pueden pasar de la suposición a una terapia efectiva pero segura, excluyendo errores que implican el uso de demasiada potencia, longitudes de onda inapropiadas o demasiado tiempo de exposición.
Por qué “más potencia” no siempre es mejor
En muchas zonas, la idea de que una mayor potencia produce resultados más rápidos o mejores es un mito. El mecanismo del tratamiento con luz roja consiste en activar las funciones curativas del propio cuerpo. Esto no suele producir beneficios inmediatos. Los paneles de potencia moderada, cuando se usan correctamente, son eficaces sin efectos secundarios, a diferencia del uso inadecuado de tecnología avanzada, que resulta ser un simple desperdicio. Es mucho más relevante comprender el efecto de la luz en el cuerpo que centrarse únicamente en una mayor potencia.
Conclusión
Existe el riesgo de ineficacia o incluso dolor si la intensidad es mayor. Si la potencia o la duración del panel de luz roja son excesivas, esto puede provocar ineficacia e incluso dolor. Esto supone un riesgo si no se sigue estrictamente la dosis correcta de terapia de luz roja. La clave para su uso exitoso reside en adaptar la potencia, la longitud de onda y la duración del tratamiento al objetivo. Si se considera y se utiliza adecuadamente, la terapia de luz roja es segura y eficaz para aplicaciones de salud y bienestar, entre otras.
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